había una areca gigante en el patio de concreto de mi casa que un día fuera logia. a menudo me escondía entre sus palmas a observar a todos los que venían de visita. siempre fui aspirante a voyeur de vida ajena, siempre tuve ojos imanes y atrevidos. en fin, siempre fui mirahueco.
luego aprendí a camuflarme entre las ramas del árbol de limón, acostado en el muro divisorio, mis pupilas fijas en la hija de la vecina. era una mulata de cobre con inmensos ojos negros, culo amplio y medidos senos que acostumbraba salir desnuda al patio de noche, a coger fresco antes de irse a la cama. se sentaba en una silla de rejilla con las piernas abiertas y echaba la cabeza hacia atrás mientras cantaba las canciones populares del momento... que caminando va, que guarachandova, bellecitaaaa, siesamulataamímequisieraquébanquetico yomeibadar... yo la observaba, lleno de lujuria adolescente, admirando el bronceado parejo de su cuerpo y la blancura de sus dientes que saltaban en la noche con cada cambio de estrofa y ritmo de la canción escogida.
como ahora, que enciendo el radio y me ataca un hit parade de emociones evocando al parejero niño pajero, que dicen que un día se ahogó en la playa por mirón debajo del agua.
© omu/de la antología En el ojo del viento: Ficción latina del Heartland 2004












