11.23.2019

onJackson

te voy a llevar a Lou Mitchell’s, ¿lo conoces? no, y la miré. de lejos. mirándome con la diáfana alegría que no se puede borrar de una memoria disipada. en aquellos tiempos el mismo Lou aún recibía a sus clientes con cara de viejo fresco, repartiendo simbólicas y deliciosas bolitas de donut a los adultos, milkDuds a las niñas y plátanos a los niños. el lugar, un diner-cafetería a la sombra de los edificios de finanzas de la ciudad, resultó ser una reliquia de tiempos y sabores pasados. allí todo aún sigue igual... agua filtrada para el buen café, mantequilla y sirope naturales, huevos dobles frescos de la granja, delicias recién horneadas, pero sin Lou. sin muchas de las afanosas camareras a la antigua que dieron allí su vida a cambio de buenas propinas. sin embargo, la mujer que se ve a través de los cristales, en la foto, era camarera entonces, cuando fui por primera vez a desayunar después de compartir bocas antropófagas, que siempre comer carne de noche provoca profunda hambre matutina. con el tiempo la señora llegó a ser cajera y hoy es la hostess, que actúa como si fuera la dueña. con sus noventa y pico a cuestas aún camina ligera los apretados pasillos entre las mesas. un día se lo dije, que la recordaba de mis tiempos de estudiante, y sus ojitos brillaron húmedos. That is very nice, honey, me dijo... would you like some yogurt? porque aún regalan, al final de la comida, el vasito de cremoso yogurt griego helado, para la buena digestión y así complementar el hollejo de naranja y la uva pasa que te dan al principio. todo muy Lou Mitchell, who used to say “bowel movements are damn important. “

cada vez que regreso a mi ciudad después de mucho tiempo me gusta, en fin de semana, manejar temprano por sus céntricas calles vacías. manera ingenua y romántica de sentirla solo mía antes de entregarse a tantos. de lo sentimental lo cursi. lo hago despacio, con los cristales bajos para sentir el frío en el rostro. doy vueltas y vueltas hasta que termino enfrente de Lou Mitchell’s, justo antes de que abran. y al entrar, los aromas y los recuerdos. de quienes merecían ese premio sensación de descubrimiento maravilloso e inolvidable del lugar por adorarme a intervalos con inigualable frenesí, cada quien a su estilo, y disfrutar de auténticas sesiones de antropofagia nocturna, a mi estilo. y es que solo después de vaciarse un ser humano en otro sin restar nada propio, queda luego esa magnífica sensación de hambre profunda e insaciable. y al contrario de todo eso tan genuino e inigualable, Lou Mitchell’s sigue allí. on Jackson. y me espera. porque aún me adora. y el sentimiento es mutuo.