10.28.2016

fridigif

caminando por la casa azul de frida un día me di cuenta del falso valor del dolor embutido en grafías y cuánto mentía la cejijunta posesiva de su gordo ambulante tan-pero-tan-feo para justificarlo, ella obsesiva necesitada de sus saltones ojos de sapo y de su boca inmensa, ella envuelta entre sus trapos, sus orgías y politiquerías. a mi lado entonces se movía un fantasma a medias recostado en mi sombra joven, su ser humano triste y parcialmente desvencijado. de reojo íbamos mirando ambas la escenografía que en aquella casona nos movía en silencio y observando lo surrealista de aquellos amantes opuestos negando tal vez lo abstracto y contrario de nuestra sorpresiva presencia, amantes en aquel momento, desubicadas en aquel umbral. era yo joven y me me reía bajito sin creerme el momento incierto que allí me había dirigido, dando tumbos, equivocando el sendero, echando toda lógica a un lado en desafío si total, en cada esquina el frío del olvido nos invadía ya sin apenas saberlo, distraídas. el fatuo fuego nos mantenía tibia la carne, alguna que otra ceniza caliente de destellos tardíos. y por qué no, me había repetido ilusa yo, queriendo liberarme de otros fantasmas, de otros muertos. y entonces, allí estaba, entre las jeringas íntimas de frida, sus cintas de colores y hojas sueltas de un diario a medias, su esencia condensada en el añil intenso de los muros, en las losas de barro con sangre en la argamasa y el mortero y de lejos, en la imaginación, los quejidos de pavor, dolor y lástima que si no se escuchaban, se inventaban. mi sombra y yo apenas nos hablábamos durante aquellos días perdidos en el vagar en tierra de nadie, sumergidas en poner distancias entre todo lo que nos perseguía. a veces yo la miraba, a mi sombra, y sentía afecto y deseo del abrazo mutuo que nos unió de pronto, indefensas. no me cuestionaba el cariño, que había demostrado ser genuino, pero rechazaba lo inútil en lo que nos habíamos convertido. era el fin de un disparate a medias, un descuido a tientas, un equívoco de comedia del error adrede. la ira y la furia de saberme cómplice de tanto fallo y desperdicio me dominó después de aquella visita. todo se desbarató y no se pudo rescatar siquiera el fósforo apagado que todo lo había iniciado. si antes sentía curiosidad por el dolor de frida, creyéndolo, como todos, la cuna de su valor, después de haber violado la intimidad de su casa azul, la detesté, a frida y a mi sombra y toda su iconografía. ella y su bigote, cómo se atrevían a representar toda alma en llanto, en celo cancelada la pasión por la lástima a la mexicana alada, distrofiada, vejada. y a mi sombra, traicionera otra vez, descascarándose su muro añil dejando ver lo gris de la mentira inservible, innecesaria, fuera de tiempo y lugar.  © om ulloa

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