8.08.2015

DELuniversoUnaLunaYunLucero

como alguna gente sueña que quiere nadar con delfines escurridizos, yo soñaba con acostarme contigo, dije sin saber el porqué de aquella comparación absurda. la mano del lucero apretó la mía. se sentía áspera, enorme para su tamaño diminuto. la mía cubierta de manchas y agudos dolores sudaba. me quedé absorta mirando esas dos manos viejas y pensé en las tuyas, jóvenes. 

tú frente a mí una noche de otoño, apretándotelas, tal vez nerviosa. yo ahora aquí al lado de mi lucero herido, casi sin luz, insomne recordándole lo que nunca pudimos ser, fiel al pedido de sus recuerdos idos, contestando sus preguntas inútiles. una y otra vez recalcándole lo que quiere oír. que era bella, hermosa en mis ojos y un día la adoré, verdades cubiertas de cenizas de ese planeta gaseoso que soy, anhelante en el universo, siempre inflando egos deshechos entre las máscaras del tiempo. y aquí, a su lado remaquillando astros fugaces y reiluminando lunas perpetuas, fijas. y tú la gran luna narcisa, robándole luz al lucero hasta opacarlo. porque aquella noche de otoño había luna y yo te las había mirado, las manos finas pero fuertes, y me acerqué a ti sintiendo urgencia desesperante de que me tocaras la vida con ellas. qué horror ese anhelo, pienso y me distraigo mirando los tubos de los sueros. devolviéndole vida, a ella.


sigue, pidió el lucero, con voz medicada. deformada, demacrada. hecha mierda. miré por la ventana y vi los rascacielos y a lo lejos el lago. una capa azul fuera de foco. acaricié la mano áspera del lucero queriendo llorar. casi podía ver el parque Grant, más lejos. la voz del lucero me sacudió como un arañazo en el tímpano. apenas se había salvado esta vez, me dijo la otra cuando me había llamado. está preguntando por ti, ven. el gas del planeta gigante rugió en mi interior y me mareé de sus humos tóxicos, pensando de pronto en la mora. ¿habría acaso ella preguntado por mí? ¿te lo habría pedido a ti y tú me negaste? apurada había ido hacia el centro manejando entre lágrimas, furiosa con la vida y todas sus mentiras. y aquí estaba. sigue, volvió a pedir el lucero y yo tratando de reubicarme en la realidad. tell me about the night on Morse beach... anda, dijo con dificultad. 

pestañeé asombro. hacía meses ella me había llevado allí con la excusa de que tenía que ir a la universidad. mientras caminábamos por la rotonda me preguntó si quería después bajar a la playa. era verano y la brisa del lago era agradable, fresca. sí, me apetecía, contesté ausente. pero su voz había hecho hincapié en LaPlaya, y con curiosidad levanté los ojos hacia el horizonte. ah, LaPlaya, dije recordándolo todo de súbito y en avalancha. es que yo nunca había regresado aquí, le dije. disculpa, no me acordaba del nombre de la playa y ella me miró incrédula. pero era cierto, como nunca había regresado a tantos otros lugares de esta ciudad dueña de mí y todos mis fragmentos. ella hizo una mueca. si no quieres, no, dijo. me reí. no importa, vamos. ya estamos aquí, y entonces comprendí que ella me había llevado allí adrede. qué horror anhelar ese recuerdo. 

no, le susurré, necesitas descansar. me volvió a apretar la mano, fuerte, insistiendo. empecé a tararear strangers in the night. dubidubidú exchanging glances... su boca que un día fuera la cumbre de cómo delinear y pintar labios en un rostro de pómulos y nariz casi perfectos sonrió y dejó escapar un enredado... yo te quería, dijo, pero no podía, no sabía... sshh, anda, ya. cuántas veces tan tarde me lo ha dicho, angustiada. cada vez le pido que no diga nada, que ya no importa. siempre contesta que sí, que importa, que le remuerde... esta vez, mientras sus ojitos me buscaban, yo quise salir volando por el ventanal. quería sobrevolar el lago, yo que soy del mar y de su azul turquesa siempre presa, quería flotar lejos de ese momento sobre el enorme lago engañador queriendo ser mar de azules profundos. ansiaba flotar ligera de recuerdos haciendo volteretas para sentirme libre de todo lo que tan traidor cruzaba ya mi mente. libre de ellas, y los olores, las bocas, los cuerpos. libre de esta trampa sensorial que soy. de estos gases dañinos. mirando fija la rueda de navy pier quise ser explosivo fuego artificial detonando como aquella vez tú y yo entre risas chillando de gusto con cada boom y fuácata tras los ventanales del apartamento aquel casi entre las nubes frente al lago, rodeados de agua y en el cielo fuego y chispas, destellos y colores y lejos, muy lejos, la tierra. desde allá arriba ahora huyendo vi todo el sur, hyde park y el centro, nuestra calle y el parque grant y me fui desinflando, evaporándome hacia el norte y la playa morse, el lucero hirviendo sobre mi planeta de fango estallando en chispas bajo una luna llena, tú ya anunciándote. y vi el apartamento del lucero luego, una noche helada, el lago casi sólido y blanco y mi vaho congelado en el cristal. norte y sur, siempre. yo en el medio. flotando como ahora, deseando el escape. 

cerré los ojos hincándome en la incómoda butaca. shhh, eso ya no importa, venga, descansa. dímelo, insistió. no, no, ahora no, repetí. aquí estamos, dije con voz huidiza, tan poco mía, pero moviéndome y acercándome al oído de mi lucero caído. su respiración agitada, buscando mi voz yo pasándole la mano por el pelo fino, debilitado, besándole furtiva la mejilla, apenas rozando sus labios cuarteados por la fiebre. ya ni se parecía a la que un día amé y con furia apreté los ojos para ver estrellitas de colores y poder verla a ella lucero, otra vez. y el universo multicolor, luego una luz amarillenta y te vi a ti, luna inmensa y el blancor chispeante de todos los otros astros fugaces de mi imaginario universo. luego lo gris y rojo, todo a punto de convertirse en abismo, en un hoyo negro. 

no, eso ya no importa, repetí sin convicción y me volvió a apretar la mano mientras la besaba leve. sin apenas rozarla, en mis labios el vapor del líquido hirviente que despedían sus ojos cerrados. eso ya no importa... si aquí estamos hoy, queriéndonos. oí mi voz decirlo y no me reconocí, entrando y saliendo por el ventanal, cruzando vidrios mi espíritu ajeno de mí. ella me apretó la mano sin dejármela ir hasta que se durmió. cerré yo también los ojos, ida con ella por el cansancio, perdida en la oscuridad de la vida y todas sus agobiantes mentiras. 


2 comments:

Anonymous said...

Ya nadie se parece a los que un diáamamos. Sonito mía. Hoy me he puesto al día con tu blog y voy comentando. Escribe que es tu terapia. Abrazo.

sonora y matancera said...

cierto. pues se te agradece la visita, mamita.