3.02.2015

cualquiera

Henry Turmon, WhiteShirt

resbalé. y me caí. cualquiera resbala y cae. dice el son. y es verdad. caí de culo y quedé con el cráneo desbaratado. así. boca arriba cara al sol. sentí el azul encharcarme las pupilas. el hilillo pegajoso de sangre ya me mojaba el cuello de la camisa almidonada. era blanca del mejor algodón. a ella le encantaban mis camisas blancas de algodón. siempre que me ponía una, con frecuencia, su mano rozaba la manga en un desliz descuidado y lento. cuando sus dedos llegaban al cuello almidonado el desquicie de sus pensamientos se podía advertir en el ritmo agitado de su respiración, quedo pero profundo. por eso, ahora que sentía la sangre manchar el cuello almidonado de mi camisa blanca de algodón pensé en ella. la mujer de ojos livianos que me esperaba ansiosa en algún lugar de esta amplia ciudad --a quien tanto le gustaba aspirar la esencia de tela recién planchada de mis camisas blancas-- no iba a entender que cualquiera resbala y cae.

por esto intenté levantar la cabeza rota del asfalto negro salpicado de sesos. los anaranjados centelleantes opacaron el azul que se precipitaba huyendo de cada una de mis iris. las brisas de las esperas son tensas, lo sabía, aún con la cabeza rota. presentí que me iban a quitar la camisa a jirones y lo lamenté. ésta en particular me había costado un ojo de la cara.... su blancor cegador era producto del mejor algodón egipcio materializado en un inmaculado diseño italiano. por la mañana ella me había dicho que esta camisa blanca me quedaba "regia". cuando lo dijo, levanté la vista del momento y la miré, recostada en las losas del baño, desnuda y con el pelo mojado. lo dijo sin ironía, como acostumbraba. por eso el peso de la palabra me advirtió que su respiración empezaba a profundizarse. y sentí la redondez del tubo que me introdujeron por la boca casi como su lengua entre mis dientes. escuché las voces dispersas sobre mi cabeza rota como los quejidos de la camisa horas antes, al estrujarse entre sus dedos enjabonados. y la sentí desabotonando la impecable camisa blanca de algodón entre suspiros perdidos en los múltiples ecos que me evolvían, flotando ya como estaba sobre camillas livianas, con la camisa abierta y el pecho al aire, y ella mojándomelo de saliva murmuraba "no te la quites". entonces logré enderezar la lengua dentro de mi cabeza rota y lo dije, al cielo que ya no era azul: "no me la quiten".

en la penumbra del baño ella me abrazó con la piel aún húmeda y sentí que me caía, que resbalaba otra vez, de cara a ella, que se restregaba en el pulcro algodón de mi camisa blanca. zumbó y jadeó enredada entre las mangas tocándome con la sensación de urgencia del momento que ya se iba. levantó la cabeza aún con los ojos cerrados, la mía rota entre sus dedos pálidos. resopló con un quejido y su voz timbró aguda en mi oído mientras sus manos se aferraban al cuello de mi camisa blanca de algodón. entonces se lo dije, en busca del perdón: "ya ves, cualquiera resbala y cae".

© om ulloa 
prev. publicado en tumiamiblog

(Nueva versión aparece también en

Trasfondos: Antología de narrativa en español del medio oeste norteamericano (Spanish Edition)

ver post con audio).

12 comments:

Luerlis said...

Me encantan las camisas blancas.

Anonymous said...

muy bueno

Anonymous said...

Vengo del sandwich a la camisa blanca y es un salto mortal con la barriga llena.

Grettel J. Singer said...

qué fuerte está esto. justo me estaba comiendo un helado de café, con trocitos de galletica de chocolate, y me senté a leer lo que creía que sería un texto blanco y pulcro. en fin, a mí me encantan las camisas blancas, pero tengo una mala suerte, y cada vez que me pongo una algo ocurre. normalmente rojo, pero no sangre, casi siempre salsas o aceites me encuentran comiendo mierda.

sonora y matancera said...

L: y qué bueno que te encanten... a mí también.

Ano 211: gracias

Ano 404: por lo menos tenías la barriga llena... que quien llevaba la camisa blanca iba a prisa a cenar y mira lo que le pasó...

gjs: oye, hoy tiraste la dieta por la ventana... sándwich con croqueta y ahora heladito... por lo menos es frío que dejó este relato compagina con tus dientes fríos por el helado...

sonora y matancera said...

el frío... el frío compagina...

Grettel J. Singer said...

todo con medida se puede sonora. equilibro como dices. me comí medio sándwich, la otra mitad se la traje a mi esposo. me comí una bolita de helado con una galletica oreo, no la pinta entera.

sonora y matancera said...

en política medida y equilibrio, en todo lo demás... anything goes.

Anonymous said...

Me encanta el blanco,dicen que es el color de mi signo,pero no es por eso, jazmines, azucenas,jacintos, azahares,... con olores exquisitos,dormir sobre una sàbana blanca,una camisa blanca,un jeans,unos tenis,la ropa interior,las nubes, la leche...no se si es puro realmente,cochino cantidad,pero me gusta y en blanco se me quedò el estòmago despuès del sandwich,mira tu.

sonora y matancera said...

italocubifan, estás poética... de blancura espectacular... qué bueno que te hizo buen provecho el sándwich, tú que ya estás harta de la pizza...

Anonymous said...

Magnífico cuentico, Sonora.

Anonymous said...

Que bien narrado. Me gustó mucho. A ti seguro te quedan bien las camisas blancas por lo canosa. Jj