9.15.2013

mordaza

te lo dije un día y no me creíste. la mordaza aprieta. sonreíste y caminaste hacia otro lugar. la mordaza aprieta y asfixia como esas tiranías tan nuestras que siempre nos empujan fuera y lejos de lo nuestro. la mordaza aprieta aún ahora que soy polvo de cenizas y arena, pero no por eso se me quitan las ganas de hablar. y quiero, aunque tome el tono prestado de quien me lo otorgue. recuerdas que soy cuentista, ¿no? ¿en serio que no te acuerdas? mira, ahora soy yo quien sonríe, te da la espalda y camino hacia otro lugar. es que la mordaza aprieta. por eso me la quiero quitar. para hablar. qué simple te debe parecer ese verbo intransitivo, y no intransigente, que conste. articular, proferir palabras para darse a entender es la definición, que yo de esas cosas sé. la acción de hablar, tan básica como comer, tan vulgar como cagar, tan necesaria como coger, tan imprescindible para comunicar lo que somos. por eso hoy, que me brindan esta oportunidad, con lujo de detalle voy a hablar de lo que dejé de contar porque se me cruzó aquello tan inoportuno. y la huída de la vida te la podría describir como ella misma, efímera y cagada, aunque en vez de moscas sientas cuchillitas de vidrio en la garganta porque se te va la voz y ya, quedas silente. te sorprendes y no lo entiendes por largo rato. te das cuenta de que ya no estás pero sigues siendo en lo que dejaste. la misma vaina de siempre en el ser y en el estar. ése es el truco. estar en las cuartillas a medio escribir, en las fotos, enredado en el pelo de ella, en la memoria de los amigos, en los ojos claros de las niñas. ser lo que ya no puede hablar, articular, decir, decidir. y la muerte es una mierda, te repites cuando quieres consolarla, a ella. cuando se te ocurre el final perfecto para aquel relato que nunca terminaste. irónico, pero aquí se tiene la mente muy clara. despejada. por supuesto que me estoy riendo, qué piensas. yo sigo siendo el mismo, afilado y mordaz, noble, inmoral y berraco. eso es lo que confunde, que sigues siendo y te manifiestas a través del movimiento leve de la cortina, o acumulándote en una esquina del jardín como hierba mala que se niega a desaparecer. así es, no es mentira. tal vez sea cuento, que es hermano de la mentira, pero mucho más intrigante y analítico. y es que soy cuentista, ¿o es que no te acuerdas? claro, claro que no, porque te crees con derecho a la mordaza que aprieta y asfixia, aunque ya te lo dije antes. y aunque tu mano sobre mi boca sea de seda y tul, con sus milésimas de agujeritos para filtrar lo indeseable, es una mano sólida sobre mis débiles labios de cenizas. el tacto es suave y estremece el sentido, que las cenizas fueron tronco y extremidades, no olvides. pero no me deja hablar, que es lo que quiero. articular, proferir palabras para darme a entender, prolongarme, sembrarme en semillas, escamar todos mi peces, mirar por la ventana del agujero de mi cuerpo el reflejo que la vida dejó, deja, dejará frente a mí. ¿no te acuerdas? lo dije muchas veces, te lo conté, que eso era todo lo que quería hacer. hablar. lo dejé escrito, todos lo saben, que yo era cuentista. y ahora, ya ves, no tengo voz para decirlo, por eso agarro la de ellos, que me la brindan. el vidrio en la garganta me silenció, pero tu mano sobre mi boca me asfixia como una mordaza fina, con todas las de la ley. y cuál será peor, me pregunto en conclusión, la que me mató o la que me censuró. ¿qué piensas? dime, dime tú, que puedes aún hablar y pretendes hacerlo por mí. 

© om ulloa
 de la colección de cuentos
Vocesueltas: Cuatro cuentistas de Chicago  

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